lunes, 19 de abril de 2010

¿donde esta el fundón?


Como nos cuentan desde Riobamba, Alfonso sigue sembrando sensaciones alli donde va, os dejamos el articulo completo publicado en Del toro al infinito.


Oliva Soto hubiera preferido no encontrarlo ayer en la “Raíl Dávalos” de Riobamba. A la llegada al aeropuerto de Quito el fundón con las espadas no acababa de salir por la cinta de equipajes, y ante la impaciencia y preocupación de su mozo Curro del Castillo le contestó el torero: Para mí, mejor que se quede por aquí……
Pero allá que apareció sobre la culebra mecánica, y allá estaba en el callejón cuando Curro tuvo que abrirlo para servirle el estoque a su matador…..y para qué las prisas.

La extraordinaria faena al de “Campo Bravo” la emborronó con el mal uso de la espada, como si el toro fuera un osario impenetrable. La sangre de “Baltasar Ibán” movía a una res bronca y de malas ideas, pero la disposición, valor y solvencia con que se empleó el gitano de Camas cimentó una obra maciza de ribetes artísticos y soniquetes de duendes del Guadalquivir.

Oliva dejó su sello y la gente de Riobamba lo supo ver, los olés salían de los tendidos acompasando el aire lírico de su toreo sobre la épica de su valor. ¡Qué forma de plantarle cara al marrajo! Oliva Soto nos hizo pasar miedo.
Ya por la tarde, el salero calé justificaba lo de Sevilla y lo de Riobamba con arte: “Yo es que soy buen católico y el quinto mandamiento lo cumplo muy bien”.

Este segundo festejo de la Feria de “Señor del Buen Suceso” se presentaba con buen “bajío” cuados saltó al ruedo el primero de “Campo Bravo”. Un toro noble y con movilidad, que le cediera su padrino Ambel Posada –su primera alternativa para este joven extremeño- y que auguraba un ansiado triunfo al riobambeño José Antonio Benítez. La verdad es que se le fue de las manos por los aceros, después de hacer una buena faena de corte clásico por ambos pitones, quizás demasiado académica en un día donde su el arrebato del torero debiera haber encendido a sus ilusionados paisanos, que le ovacionaron largamente en su vuelta al ruedo.

En día de tarde de celebraciones revoloteó la tragedia sobre el toricantano José Antonio Benítez. Fue en su segundo y último de orden de lidia, un serio toro de “Trinidad”, cuando lo recibía de capa y fue desbordado por el brioso galope del animal, prendiéndole por el muslo y propinándole una escalofriante voltereta que dio con él de bruces en el suelo, inerte el torero y sobre él quedó tumbado el zaíno de “Trinidad”. Momentos angustiosos los que se vivieron, acrecentados por acudir al rescate del diestro todos los profesionales y gente del callejón que corrieron un serio peligro cuando el toro se levantó y lanzó derrotes a unos y a otros.

Trasladado el conmocionado espada a la enfermería, pasó al hospital donde, gracias a Dios, no se le observaron heridas por asta de toro y sí lesiones por traumatismo que le mantienen en observación clínica.

El presidente, con buen criterio, decidió sacar el pañuelo verde para devolver al toro a los corrales ante la ostensible inutilidad que presentaba, saliendo otro del mismo hierro que fue el garbanzo negro de la corrida y con el que Ambel Posada solo pudo resolver la papeleta sin lucimiento, pero con oficio y seguridad.

Antes, el diestro pacense nos recordó a su abuelo Juan Posada en un extraordinario saludo por verónicas a la briosa salida del ejemplar de “Campo Bravo” corrido en segundo lugar, en el más puro estilo trianero que levantó a los aficionados de sus asientos.
El burel sin ser fácil, por el calamocheo y violencia en la embestida, sí respondió al dominio de Ambel, firme y templado, que le permitió cortar una oreja después de un una buena estocada.

“Trinidad” y Campo Bravo” alternaron en disgustos y alegrías con sus bien presentadas reses.

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